24 - Enero - 2011
La 41 edición del Foro Económico Mundial de Davos, que inicia esta semana, abre el ciclo de encuentros internacionales de alto nivel, en los que se abordarán los principales temas de la agenda global. Debe ser ocasión para que los mexicanos revisemos la imagen y el papel de nuestro país en el exterior, evaluar su situación y perspectivas en relación con lo que están haciendo otros, y clarificar prioridades.
Este año, el eje temático será la búsqueda de normas compartidas para una nueva realidad. Refleja la preocupación de economistas, empresarios y gobernantes de todo el mundo por la incertidumbre y complejidad que presenta la economía global.
Se discutirán asuntos como la pérdida de valores morales, la falta de confianza de la gente en sus líderes y las interrogantes sobre el futuro de la economía, y la política en las naciones y en un mundo cada vez más interdependiente.
El Foro se da en medio un contexto en el que persiste la incertidumbre sobre la recuperación de la economía mundial. En la Unión Europea varios países enfrentan graves crisis de deuda soberana, en Estados Unidos el déficit fiscal alcanzará niveles históricos, y en todo el mundo se presentan presiones inflacionarias. Se advierte el peligro de fracturas en la cooperación internacional, ante conflictos como los relacionados con las políticas de tipo de cambio.
La humanidad enfrenta desafíos enormes, como el cambio climatológico, la seguridad ante fenómenos como el terrorismo o el narcotráfico, y el impacto del desarrollo tecnológico en la sociedad y la economía.
Quienes tengan la visión y la capacidad para anticiparse y adaptarse a esta nueva realidad global, serán los protagonistas de este siglo. Mientras que muchos países están transformándose para estar a la vanguardia en esta dinámica, en México llevamos décadas sin un rumbo claro, estancados en las mismas discusiones sobre los cambios y las reformas indispensables que no se concretan.
México necesita fortalecer y ampliar su paquete de ventajas competitivas. Hemos avanzado en la democracia y tenemos estabilidad macroeconómica, pero esto también lo están logrando muchos otros países emergentes, incluyendo la mayoría de los latinoamericanos. El TLCAN, que fue el gran impulsor del crecimiento en los 90, ha perdido competitividad frente a otros bloques. Tenemos otros 43 tratados comerciales que no aprovechamos lo suficiente, y muchas otras naciones en desarrollo han firmado acuerdos similares.
México perdió seis lugares en el último Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial. En cambio, Indonesia subió 10 posiciones y Vietnam 16, en gran medida por la eficiencia de su mercado laboral, área en la que nuestro país es uno de los 15 con menor competitividad entre los 133 evaluados.
Países como Brasil están logrando un liderazgo internacional y son percibidos como economías dinámicas y en transformación, gracias a cambios estructurales que han realizado en sectores clave como el energético.
En menos de dos décadas, Petrobras pasó de ser una empresa que importaba hasta 50% del crudo que se consumía en Brasil a ser una de las seis mayores productoras del mundo, por encima de Pemex. Hoy, esta compañía estatal está incrementando su presencia en otros países, incluyendo el Golfo de México. 80% de su producción procede de aguas profundas que explota con un alto contenido de tecnología propia, un área que en México apenas está desarrollándose, con extrema lentitud y grandes dificultades tanto financieras como políticas.
Los brasileños lograron esto sin que el Estado perdiera el control de la empresa, conservando actualmente más del 48% de las acciones, pero sujeto a un gobierno corporativo eficaz. Otros países, como Colombia, Chile y Perú, están siguiendo este modelo.
En México, seguimos en la discusión de un falso nacionalismo, haciendo cambios con poca visión y de efectos limitados, que no resuelven las crisis estructurales de nuestro sector energético. Pemex es la segunda empresa en pérdidas entre las 100 más grandes del mundo y una de las petroleras más ineficientes, con una deuda considerable, importadora creciente de gasolinas, gas y petroquímicos; sin autonomía de gestión y obligada a entregar al gobierno casi el 60% de sus ingresos.
En el aspecto fundamental de la educación, estamos avanzando, pero con gran lentitud y muchas resistencias, a pesar de esfuerzos como la Alianza por la Calidad de la Educación.
Llegamos a la era de la economía del conocimiento, con una cobertura en educación media superior inferior a 30%, contra un 52% de Chile. Los chinos dedican el 1.4% de su PIB a investigación y desarrollo, los brasileños 0.9%; México no llega al 0.4 por ciento.
Para lograr un crecimiento significativo y sostenido, cualquier economía requiere de acumulación de capital, inversión, crédito, productividad, y cada vez más, desarrollo del talento humano. Esta ha sido la fórmula que siguen desde hace más de tres décadas países como Corea, Singapur y actualmente China.
Los chinos invierten en su economía cada año, el equivalente al 40% de su PIB, el doble que nosotros. En México, el financiamiento bancario ronda el 15% como proporción del PIB; en Chile supera el 60% y en Corea del Sur, el 94 por ciento.
Por otro lado, un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo señaló que en los últimos 50 años, nuestro país perdió más de 30% de productividad en relación con Estados Unidos y 55% respecto de las naciones de Asia.
Estas son las razones profundas de la pérdida de liderazgo de México en el ámbito internacional, frente a otras naciones emergentes.
Es necesario que nuestro país se reposicione en el escenario internacional, resaltando nuestras fortalezas y oportunidades. Debemos dejar de ser noticia esencialmente por los sucesos relacionados con la violencia del crimen organizado.
Sin embargo, para que cualquier cambio positivo en la percepción de México perdure, tanto interna como externamente, hay que respaldarlo con una transformación de la realidad. De lo contrario, será efímero.
México necesita una renovación profunda. Este es el compromiso de Coparmex con el momento histórico que vivimos.
Pensemos en grande. Tenemos propuestas y las impulsaremos. Es ahora cuando más necesitamos del compromiso de todos nuestros socios para contribuir a la transformación de México.
Entre todos, podemos lograrlo. Entre todos, vamos a lograrlo.
Un saludo afectuoso.
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